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La medicina oficial conoce poco, y por eso no nos explica, la relación íntima que hay entre nuestras malas y hasta pésimas costumbres de cuidado personal, y las enfermedades que padecemos como consecuencia. ¡Ésta es una relación directa de causa y efecto!

Los médicos o terapeutas de los otros sistemas de medicina, como homeopatía, acupuntura, bioenergética, terapia neural, y demás terapias alternativas (masajes, reiki, flores de Bach, magnetoterapia, etc.), por lo regular tampoco conocen, y no nos advierten, que nosotros provocamos nuestras enfermedades mediante una serie de malos hábitos diarios. Sin esta toma de conciencia y autocrítica para corregir y cambiar nuestro modo de vida, la curación es imposible.

La medicina oficial y medicinas alternativas, no enseñan en sus facultades que las personas generamos nuestra calidad de vida en salud o enfermedad, mediante costumbres del día a día. Ellas no forman médicos o terapeutas saludables que puedan dar ejemplo y educar a la población. De sus escuelas no salen médicos educados en el cuidado personal, solo salen técnicos capacitados en técnicas de curación, que van a enfermarse igual que sus pacientes, y a consumir la misma ineficiencia que recetan. La falencia rotunda de la educación está en no enseñar la relación de nuestro modo de vida con las afecciones que provocamos.

Todos los sistemas de medicina se concentran en enseñar a los médicos, el uso de remedios o terapias para “curar” enfermedades. Este objetivo es imposible, pues no hay remedios “mágicos” que al “inyectarnos”, nos hagan cambiar nuestras malas y pésimas costumbres. Por ejemplo, existen costumbres que provocan la gastritis y úlcera, como comer a diario en exceso, al apuro, y comidas pesadas. Intentar “curar” estas afecciones es absurdo sin cambiar esas malas costumbres. Del mismo modo, existen costumbres que provocan el cáncer, inmunodeficiencias, sida, asma, diabetes, alergias, y todas las enfermedades. Esta toma de conciencia es primordial, antes que buscar curar y curar.

Las universidades no transmiten educación para llevar una vida saludable y preventiva. Por eso, pacientes y médicos acabamos convertidos en eternos clientes, consumistas de remedios químicos o naturales, de cirugías y decenas de terapias “milagrosas”, que solo traen alivios pasajeros y agravamiento posterior.

Con frecuencia recibo en mi consultorio a pacientes y médicos que vienen cansados de deambular por consultorios, decepcionados con los resultados, con economía gastada sin eficiencia, angustiados por el avance de la afección, desanimados por no ver la salida, sufriendo cada vez más, sin claridad sobre el origen de su enfermedad.

El problema es grave, pues frente a los eternos fracasos en la curación suficiente de las enfermedades, los médicos oficiales y alternativos están adoptando cada vez más respuestas equivocadas, simplistas, parciales, fatalistas, y hasta algo absurdas, sobre la causa de nuestros males. Así, nos “explican” que sufrimos por enfermedades supuestamente genéticas, hereditarias, congénitas, virales, bacterianas, alérgicas, autoinmunitarias, de origen desconocido, ambientales, climáticas, posturales, accidentales, emocionales, por estrés, tensionales, psicosomáticas, psíquicas, etc. Todas estas respuestas superficiales, no tienen nada que ver con nuestras costumbres básicas de cuidado personal, solo nos alejan de la solución.

Por estas “explicaciones” que recibieron, muchos pacientes me cuentan que padecen de “diabetes emocional”, “hipertensión por estrés”, “gastritis psicosomática”, “asma ambiental”, “artritis autoinmunitaria”, “miomas o cáncer genéticos”, “obesidad hereditaria”, “cáncer de útero viral por HPV”, “rinitis alérgica”, “úlcera emocional”, “migraña familiar”, “inmunodeficiencia tensional”, “hígado graso de origen desconocido”, “elevado colesterol hereditario”. Atribuir nuestros males a causas externas o desconocidas es el error que nos condena a nunca poder curarnos.

Estas respuestas de los sistemas médicos son en verdad insuficientes, hacen que perdamos la esperanza de solución, nos mantienen confundidos, perdidos, nos inducen a resignarnos ante problemas “incurables”, “karmas” o “mandatos divinos incomprensibles”. Esto es así pues no podemos cambiar nuestros padres o abuelos, ni vivir en un mundo sin virus o cambios climáticos. Tampoco podemos vivir en una casa, ciudad y trabajo, donde solo existan paz y amor.

Claro que todos los factores externos anteriores tienen incidencia y participación en nuestras afecciones, pero es vital confirmar que no son su causa principal, la cual, nos compete a nosotros. Nuestra salud, amor, paz, libertad, alegría, felicidad, dependen mucho más de nosotros que de cualquier otra persona o condición externa. ¡Esta es la realidad maravillosa!

Tomar conciencia de que somos nosotros los causantes de nuestros males, puede sonar angustiante para algunas personas, que por inseguridad dudan poder cambiar malos hábitos y modo de vida. Les animo profundamente a comprobar que pueden hacerlo, les envío mi hondo mensaje de esperanza. El cambio personal no es tan difícil, solo necesitamos constancia y buscar la guía apropiada. Aprender el cuidado personal no toma tres meses, pero con los años encontramos resultados garantizados, felices, extraordinarios.

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