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Otra de las llamadas enfermedades incurables, de origen desconocido o hereditario. El tratamiento eterno con Tegretol y otras drogas destructivas es una condena cruel al paciente. Además de que no curan nada, estos “remedios” causan depresión fuerte, desánimo, vida cada vez más vegetativa, disfunciones orgánicas, pérdida gradual de la memoria, de la esperanza y los sueños por realizar. Ni siquiera son eficaces para controlar las convulsiones. Con el paso de los años se nota claramente el deterioro general del enfermo, quien siente una dependencia maldita y repugnancia por los medicamentos. Estos “remedios”deberían ser consumidos una temporada por los doctores que los recetan, para que sientan un mínimo de su efecto espantoso.

La curación de la epilepsia es posible y garantizada si el enfermo hace cambios profundos y duraderos en su forma de vida. Por lo regular, los afectados son extremistas en sus costumbres. Si las convulsiones se producen manteniendo las manos cerradas, con contracciones ruidosas y mordidas personales, estamos frente a un cuadro de extremo Yang. Al contrario, si las crisis vienen con apertura de las manos y la boca, con secreciones salivales, convulsiones leves y desmayos, se trata de una epilepsia Yin. En cualquier caso, después de pocas semanas de tratamiento apropiado y disminución lenta de medicamentos, el enfermo empezará a sentir mejoría en todas sus funciones y podrá estar seguro de que está curándose. La independencia será como salir de un infierno.

Me quedé repleto de felicidad, con los vellos de punta, al ver la mirada de un amigo íntimo cuando me dijo: “Hoy sé que voy a curarme, me estoy sintiendo mejor, mi intestino se ha regulado, siento más ánimo, estoy tomando menos medicamentos y las convulsiones han disminuido”. Él había pasado 25 años con epilepsia, tomando tegretol y otros “remedios”. Sentía cada vez menos ganas de vivir. Empezó el proceso de autocuración y dos meses después me dijo lo anterior. Su mirada tenía un brillo de felicidad indescriptible, muy superior a la mía. Su proceso de curación fue sacrificado, con muchos fracasos momentáneos en sus promesas de nuevos hábitos. Pero gracias a su fortaleza de espíritu y constancia, en poco más de un año se libró de esta enfermedad desastrosa.

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