user_mobilelogo

Esta enfermedad es mortal en casi todos los afectados a pesar de cualquier tratamiento. La medicina oficial llega a barbaridades como el transplante de médula, el consumo crónico de corticoides o medicamentos muy nocivos y la transfusión cotidiana de pintas de sangre. Nunca se pregunta por qué disminuye tanto el hematocrito. Afirma una vez más que es “de origen desconocido”. ¿Hay algún otro ingrediente más importante en la formación de la sangre y en su calidad, que los alimentos?

Un matrimonio trajo a mi consultorio a su hijo de quince años sufriendo grave anemia aplástica. Su condición era desastrosa. Había pasado un mes en estado de coma, con mínimos signos vitales. Su sangre tenía 8% de hematocrito (lo normal es 42%), 5.000 de plaquetas (lo normal es 200.000), 800 de leucocitos (lo normal es 8.000). Los doctores no se explicaban cómo podía resistir. Le hacían transfusiones de tres pintas de sangre por semana para mantenerlo vivo. Estaba a un paso de la muerte. Sus padres y familiares habían invertido una fortuna en bienes vendidos y deudas contraídas, para aplicarle todos los tratamientos de la medicina oficial durante más de tres años. Nada funcionaba. En el último año también acudieron a muchas terapias de la medicina alternativa, sin resultados positivos. Observaban desesperados cómo su hijo se moría lentamente.

La situación era crítica por lo que tuve que ser muy exigente con los pasos a seguir. Primero, puse como condición que toda la familia cambie sus costumbres de alimentación y otras, no solo el enfermo. Como era menor de edad, yo sabía que no podría curarse solo y que necesitaba el apoyo familiar. Enseguida, obligué a sus padres a leer libros que les recomendaba y a venir a nuestro Centro de Educación para la Vida para reuniones regulares de estudio y clases de culinaria. Hicimos muchas prácticas de gimnasia integral hasta que pudieran hacerlo ellos en su hogar. Tuvimos innumerables diálogos para explicarles los aspectos más relevantes de la enfermedad. Llegamos a ser amigos íntimos.

Toda la familia cambió su estilo de vida, con la decisión profunda de entregar su vida en esfuerzos personales para salvar a su hijo. Con grandes sacrificios, decidieron renunciar a sus gustos y dependencias. ¡Los resultados fueron maravillosos! El joven prácticamente resucitó. Disminuyeron gradualmente las transfusiones de sangre. Cada quince días comprobaron fascinados el aumento de todos los índices en sus exámenes de sangre. El júbilo de la familia era desbordante. Fue un proceso muy riguroso, casi insoportable para el joven por las privaciones que tuvo que cumplir los primeros meses. Luego de un año y tres meses se encontraba perfectamente normal. La solución fue independiente y prácticamente gratuita.

No solo se curó el hijo pues todos en la familia aprendieron lecciones que les trajeron beneficios invalorables, materiales y espirituales. La madre se curó de soplo al corazón, perdió más de 40 libras y cambió su obesidad. El padre acabó con su gastritis crónica y sus problemas renales. El hermano mejoró mucho su vitalidad. La abuela se curó de hipertensión luego de pasar seis años tomando remedios. Varios de sus amigos y vecinos resolvieron sus enfermedades, pues cambiaron su modo de vida al conocer de cerca la sufrida e increíble experiencia de este joven. Actualmente es un profesional con más de 14 años de vida normal, sin prohibiciones y con un régimen de mucha libertad. Él y su familia valoran como nunca antes la vida y el orden necesario.

 

PUBLICACIONES

CONTÁCTENOS

Centro de Educación para la Vida

Dirección: Luís Cordero E3-31 y 9 de Octubre.

Teléfonos: (593) 2 223 0590(593) 2 250 4811

Celular: (593) 9 9940 0859

email: santiago@saludyautocuracion.com

Quito - Ecuador