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Gracias a nuestra increíble capacidad para sobrevivir, los seres humanos podemos mantenernos vivos con mala y hasta pésima comida, pero con un costo en nuestro desarrollo. Con la comida moderna estamos así, pues seguimos vivos y hasta trabajamos, pero con un menor rendimiento físico, emocional y mental. Un automóvil puede funcionar con gasolina de baja calidad pero su desempeño disminuirá. Si además añadimos agua o basuras pequeñas a la gasolina, el auto funcionará con menos potencia y se dañará poco a poco hasta detenerse. Así vivimos ahora: rendimiento bajo y enfermedades que crecen hasta una situación fatal; algo está fallando en el combustible. Si queremos encontrar y aprovechar nuestra mayor capacidad, debemos ofrecernos una alimentación más apropiada.

Vivir con pésima alimentación y gustos nocivos puede no ser fatal de inmediato, pero sí causa poco a poco las afecciones que padecemos. Incluso las personas aparentemente sanas sienten a menudo mucha pereza y sueño, fatiga y falta de resistencia. Estos síntomas ya revelan enfermedad y bajo rendimiento orgánico.

¡No es necesario vivir cansado! Muchos salen de la cama con dificultad, obligados por el trabajo pero con ganas de seguir durmiendo; el fin de semana y días festivos duermen hasta casi el mediodía y en las tardes se recuestan horas frente a la TV. A pesar de tanto descanso, siguen despertándose pesados y el lunes van al trabajo temprano por obligación, con bostezos y pereza. Una persona sana no quiere quedarse en la cama nunca, con vigor salta de ella para aprovechar las preciosas horas del día. Un niño sano se levanta a jugar todos los días. La gente del campo, de vida más tradicional y saludable, no piensa siquiera en seguir durmiendo hasta tarde porque sea domingo. ¡El cansancio crónico es síntoma de enfermedad! La salud se manifiesta en sus raíces por ausencia de fatiga.

Cuando luego de décadas de haber comido lo del sistema consumista encontramos una mejor alimentación, enseguida sentimos una mejoría fascinante en nuestras funciones físicas y en otras del comportamiento. Millones de personas dan este testimonio que es la prueba personal irrefutable y la feliz motivación para continuar el cambio. Infelizmente, de forma intelectual no se puede convencer de esto a nadie; cada uno tiene que descubrir la maravilla de sentirse mejor en todo sentido con una alimentación más apropiada.

Ingenuos o inconscientes que comen de todo miran a quienes seleccionamos nuestra comida sin entender por qué lo hacemos. Incluso nos dicen a veces, con burla o pena: “¿Por qué no comes estas cosas tan ricas? No tienes que perderte estas delicias... Yo no me privo de nada… No sabes lo que te pierdes...”. Es triste que no comprendan, su ceguera es grave. Nosotros ya comimos todo lo suyo por mucho tiempo, comimos todo lo del sistema durante décadas, conocemos sus atractivos y efectos. Es obvio que si cambiamos de alimentación es porque sentimos enormes beneficios. Quienes en verdad no saben lo que se pierden y viven por ignorancia con malestares, con grandes limitaciones y sinsabores, son ellos, todos los que nunca han probado una forma más sana de alimentarse, y que por desconocer una alternativa mejor no pueden compararla con la propia.

El aumento de energía que se siente al alimentarnos mejor, equivale a manejar un automóvil magnífico luego de haber manejado mucho tiempo otro regular o deteriorado. ¿Quién va a querer volver al auto anterior, con menos potencia, seguridad y comodidad? Por eso no volvemos a comer lo del sistema. Ya sabemos lo que nos “perdemos” y no nos hace ninguna falta. Al contrario, estamos felices de haber perdido esos vicios y queremos seguir con todas las ventajas que hemos alcanzado.

Resalto que los favores de una buena alimentación los sentimos en una mayor fuerza, ánimo y lucidez, en estados concretos; después alcanzan otros ámbitos. Por obligación religiosa hay quienes se amarran a dietas inadecuadas o insuficientes, y lejos de sentirse mejor disminuyen su vitalidad. Aunque provengan de “grandes maestros”, no tiene sentido seguir conceptos sin comprobar rápidamente que nos sentimos mejor y más fuertes, con un beneficio íntegro.

Muchos dicen que fueron vegetarianos, naturistas o macrobióticos por años, pero que dejaron esas dietas porque cambiaron de religión, se debilitaron y enfermaron, o no sintieron ningún provecho. En general son personas que solo siguieron libros, modas o líderes falsos. No encontraron más vitalidad ya que abundan corrientes absurdas de vegetarianismo o naturismo, que debilitan y enferman o que no muestran cambios. A quienes han pasado por estas decepciones les animo a seguir su búsqueda puesto que el inmenso beneficio existe. Cumplan el menú de un mes de la 2ª parte del libro, mejoren su forma de comer, acudan a la guía de quien en verdad haya tenido este descubrimiento fantástico, preparen y combinen sus alimentos con cuidado, ejerciten su cuerpo, aprendan cada vez más hasta sentirse en el camino correcto: el maravilloso encuentro con la vitalidad está asegurado.

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