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Los problemas humanos más graves, los que han sido el mayor obstáculo para su subsistencia y desarrollo, en cualquier época, se pueden resumir en tres: afecciones corporales, sufrimientos afectivos o familiares, y angustias sociales. Estos tres tipos de problemas provienen de deficiencias en el cultivo físico, sentimental y mental. Las causas de nuestra desesperación y de que tengamos que esforzarnos más o pedir ayuda, han sido siempre la enfermedad, la ruptura afectiva, y la miseria o violencia social. Nuestra vida es amenazada siempre por estos conflictos.

Los mayores tesoros humanos, los que nos brindan la mayor felicidad y satisfacción, son también tres: la salud, el amor y la libertad. Estos tesoros provienen, a su vez, del éxito en el cultivo físico, sentimental y mental. La cultura humana se caracteriza desde sus inicios, por el esfuerzo personal, familiar y social para impulsar estas tres virtudes y controlar las tres desgracias citadas. Necesitamos conocer los factores que generan nuestro éxito o fracaso físico, sentimental y mental, para poder vivir dentro de satisfacciones globales.

A pesar de los avances científicos, del progreso en las comunicaciones, de la especialización profesional, de la moderna tecnología de producción y la amplia influencia religiosa, no se ha podido detener el incremento de las enfermedades, de la desintegración familiar y del caos social en el mundo. Demasiadas personas viven preocupadas por conseguir solo triunfos económicos y profesionales, sin darse cuenta de que estos logros son muy limitados e ineficaces a la hora de resolver las mayores crisis que enfrentamos. Mucha gente cree, ingenuamente, que con dinero y prestigio, o con favores divinos, podrá controlar o evitar las tres desgracias humanas.

El libre albedrío se distingue de la vida accidental, en la eficiencia que tenemos para generar una vida con salud, madurez afectiva y realización social. Sin embargo, es lamentable observar cómo las desgracias humanas se multiplican de modo involuntario, aumentan cada día sin que tengamos esa intención, como accidentes incontrolables. Esta situación revela nuestra falta de preparación y conciencia para ejercer el libre albedrío.

Nuestra condición física la decidimos a diario por nuestras costumbres de alimentación, actividad, respiración y descanso. La salud o la enfermedad dependen de las cualidades de estos factores.

En los asuntos sentimentales, los aspectos más importantes que definen nuestra integración o aislamiento afectivo, son la calidad de diálogo, de convivencia con las personas y de ambiente en que vivimos a diario.

El desarrollo de la capacidad mental y espiritual proviene de las propiedades del conocimiento que adquirimos, del trabajo y la economía que realizamos.

Nombrados rápidamente, estos son los factores que determinan la cantidad y calidad de nuestra vida. Por su importancia los llamaremos deberes y derechos esenciales humanos para el cultivo de su vida integral. Nuestra evolución o degeneración general es fruto de la selección adecuada o desordenada de estos aspectos. A pesar de que podamos comprenderlos de manera separada, estos elementos conforman una unidad indivisible con influencias recíprocas: la alimentación, actividad, respiración y descanso tienen influencia sobre los sentimientos y la mente, los conocimientos, el trabajo y la economía provocan reacciones en el ámbito físico y emocional, el diálogo, la convivencia y el ambiente generan cambios en el cuerpo y la mente.

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