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El cambio de vida puede curar enfermedades, pero éste no debe ser su motivo principal. Si pensamos así, sin padecer enfermedades, o al habernos “ya curado”, no tendría más sentido plantearse nuevos cambios o mantener los realizados. Asumir el cambio de alimentación y otras costumbres solo como una terapia obligatoria para curar enfermedades, es una idea mezquina y miserable de la vida. Esta concepción nos perjudicará eternamente. Si pensamos así, podemos llegar a odiar las nuevas costumbres que adquirimos, por tener obligación de cumplirlas debido a una enfermedad. Tendríamos la esperanza de volver a nuestros hábitos anteriores lo antes posible, cuando hayan disminuido los dolores o hayamos controlado los síntomas. Con este pensamiento, aunque llegue a “curarse”, la persona volverá a enfermarse peor que antes enseguida. Su vida será muy infeliz.

Pensar así es verse dentro de una cárcel que corta nuestra “libertad”, mientras cumplimos una condena por estar enfermos. Veríamos a la gente que “come y hace lo que le da la gana”, hasta con vida mundana y vicios, como “seres libres”. Los veríamos sin las horribles cadenas de esas “costumbres sanas”, pero insoportables, que la enfermedad nos impone a nosotros. Con esta idea nunca estaremos curados. Peor aún, nunca estaremos sanos. Este es el pensamiento enfermo que nos mantiene enfermos, oprimidos, limitados, víctimas de nuestra propia ideología de la vida.

Si hacemos cambios momentáneos con la única intención de acabar con el dolor en los riñones, no merecemos siquiera que esta molestia desaparezca. No lo merecemos ya que no nos damos cuenta de la pésima forma de vida que llevamos. No tenemos un mínimo respeto y gratitud por el milagro de ser parte de la vida. No sentimos el deber de cuidar lo que la vida nos ha dado. No percibimos ni entendemos el sentido profundo de estar vivos. Cuando con infinito aprecio sintamos y pensemos que la enfermedad, lejos de encerrarnos, en realidad, abrió las puertas de la cárcel en que antes vivíamos, habremos alcanzado la mayor parte de la curación.

Una de las razones para corregir nuestros hábitos puede ser curar una enfermedad. Pero no es la razón principal y menos puede ser la única. El sentido profundo de cambiar nuestro modo de vida es para cuidarla, gozarla y respetarla, más y mejor en todos los ámbitos. Solo así podemos descubrir y sentir en cada día lo más precioso de la vida. En la satisfacción excesiva y hasta viciosa de deseos degenerativos no está el sentido de la vida. Estando sanos o enfermos, alegres o tristes, ricos o pobres, debemos buscar siempre nuestra evolución física, sentimental y espiritual. Ésta es la realidad maravillosa en la naturaleza, y también es la fuente de la mayor vitalidad, felicidad y sabiduría humanas.

(Texto extraído del libro “Lo maravilloso de la enfermedad”)

 

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